En la obra se narra la historia de Lola –editora, explotadora y demagoga- que, ansiosa de triunfar en todos los terrenos, enloquece por tanto leer libros de Auto-Ayuda y se rige por los cánones de la Mujer Ideal. En su vida se mezclan sus más fieles explotados con una serie de personajes que harán de ella la peor de las villanas. Vemos que por un lado, esta mujer emprendedora, dueña ejemplar de una PYME, que es despiadada al hablar de negocios con escritores a los que explota para hacer ella su propia carrera literaria (“negros”), que es capaz de colocar cualquier basura al son de la corrección política (“estos monólogos de mujeres los vendo yo muy bien por instituciones”), luego es presa de cualquier desaprensivo a causa de su soledad y, lo que es más grave, la pyme no le da ni para comer. Ni un huevo, ni una patata encontrará cuando decida darse un festín consigo misma en su oficina/vivienda/nido de donde nunca sale.
Notas. / Notes on the piece.
Efecto Dulcinea: hilarante como síndrome y engaño. Por Nuncy León. Periodistas en Español. El efecto Dulcinea es un síndrome, enfermedad o como se quiera llamar de lo más moderno, ya que, en mayor o menor medida, lo padecemos todos los que estamos enganchados a internet. Algunos, por fortuna no todos, a fuerza de vivir enredados en la red, acaban cegados de amor por seres imaginarios, desconocidos e inexistentes. Las situaciones más hilarantes vendrán de la mano de esta miseria moral y física, sobre todo si se compara con la vecina de al lado, una mujer de su casa que “recibe” en ella y cuya mayor gloria es poseer una minipimer. Cuánto mejor una minipimer -exclama Lola- que una pyme. Cuánto mejor y más rica una olla express haciendo chuf chuf que el incesante pitido de móviles y teclados. Contradicciones y más que contradicciones para la mujer liberada que Lola cree ser. Con el Quijote de fondo y su obsesión por dar voz a Dulcinea, Lola, la eterna luchadora, protagoniza una obra divertida, con momentos de carcajadas, muy crítica con los estereotipos que se le han “vendido” a la mujer y que ella ha asumido como deseables. Una obra que da mucho que pensar, con un inicio precioso a cargo de una Dulcinea moderna y explotadora, “realizada”.
Otros datos. / Other information.
Estreno: Teatro Carolina Coronado, Almendralejo, Badajoz
Publicación: Ediciones Irreverentes
Concha Rodríguez escribe Teatro como una necesidad de gritar bien alto. No es teatro autobiográfico, aunque sienta sus obras como terapias maravillosas. Ya en el instituto, escribió e interpretó su primer monólogo "Mis zapatitos sabios", donde ponía a caldo el sistema educativo. Licenciada en Filosofía y Letras, Filología Clásica por Universidad de Extremadura, Cáceres (1986-1990), donde devoraba clásicos. Aunque ya en tercero de carrera empieza a trabajar profesionalmente en el Teatro Estable de Cáceres, y su formación le viene mayoritariamente de su experiencia como actriz y trabajos con directores, entre los que destaca en su primera etapa a Antonio Malonda y Ángel Facio, con quienes trabaja los textos cual cirujana con bisturí en mano. Cursos de Guión “America Films” con Miguel Ponce (Madrid, 1992-1993). En la Universidad de Verano de Córdoba, 2004 y 2006, con Senel Paz, Valentín Fernández Tubau, Sergio Barrejón y Pedro Gómez. En Central de Cine, con Javier Gancedo (Madrid, 2006-2007). Actriz desde su más temprana juventud y empresaria desde los 26 años (La Estampa Teatro, S.L.U., 1993), escribe un Teatro que no encontró.
Concha Rodríguez writes theatre out of a need to shout out loud. It is not autobiographical theatre, although she experiences her plays as wonderful forms of therapy. While still in secondary school, she wrote and performed her first monologue, Mis zapatitos sabios, in which she sharply criticized the education system. She holds a degree in Philosophy and Letters, specialising in Classical Philology, from the Universidad de Extremadura in Cáceres (1986–1990), where she immersed herself in the classics. During her third year, she began working professionally with the Teatro Estable de Cáceres, and her training has been shaped largely by her experience as an actress and her collaborations with directors, notably Antonio Malonda and Ángel Facio, with whom she approached texts like a surgeon with a scalpel in hand. She also trained in screenwriting at “America Films” with Miguel Ponce (Madrid, 1992–1993), attended courses at the Universidad de Verano de Córdoba in 2004 and 2006 with Senel Paz, Valentín Fernández Tubau, Sergio Barrejón and Pedro Gómez, and studied at Central de Cine with Javier Gancedo (Madrid, 2006–2007). An actress from a very young age and a producer since the age of 26 (La Estampa Teatro, S.L.U., 1993), she writes the kind of theatre she herself could not find.
Escritura. / Style.
«He leído mucho y muy bueno, y a eso aspiro, a poder trasmitir, a través del Teatro, las emociones y las imágenes que la literatura clásica me regaló. A finales de los ochenta se respiraba una libertad brutal, o al menos yo así lo percibía y me sentía comprometida a hacer uso de ella y sacar de los cajones mis textos reprimidos y darles forma. Siempre comedia. Siempre he sentido la necesidad de comprometerme con los problemas sociales más cercanos, la comedia viene sin avisar. Y hay mucho de autobiográfico, no sólo porque lo haya vivido, también lo vi, lo escuché… Incluso lo soñé. Comedias negras, blancas, de todos los colores. Comedias que cuentan este principio de siglo tan convulso. Teatro, en definitiva, que tiene su razón de ser, si se comparte con el público, si llega y toca, divierte, sana… y si al final consigue que el espectador con su aplauso se aplauda a sí mismo.» (Concha Rodríguez).
«I have read widely—and very well—and that is what I aspire to: to convey, through theatre, the emotions and images that classical literature has given me. In the late eighties there was a sense of immense freedom, or at least that is how I experienced it, and I felt compelled to make use of it, to take my repressed texts out of drawers and give them form. Always comedy. I have always felt the need to engage with the most immediate social issues; comedy arrives unannounced. And there is much that is autobiographical—not only because I have lived it, but because I have seen it, heard it… even dreamed it. Black comedies, white comedies, comedies of every shade—comedies that speak to this turbulent beginning of the century. Theatre, ultimately, that finds its purpose when it is shared with the audience, when it reaches them and moves them, entertains, heals… and, in the end, allows the spectator, through their applause, to applaud themselves.» (Concha Rodríguez).